domingo 29 de marzo de 2009

Despues de la crisis.

Es una mañana de domingo fresca y lluviosa. La primavera se deja sentir, y entre chubascos intermitentes cantan los pájaros. Salgo en busca de alimento para los animales. Gallinas y cabras comen matos que en esta época que crecen por doquier. Echo un par de horas en la tierra, realizando tareas sencillas que permiten abastecernos de verdura de temporada. Cambiamos batata por almendras, tomate por habichuelas. Los niños corren por el patio descalzos -y libres- jugando en cada charco que encuentran. También ayudan en las tareas cotidianas que permiten -a fecha de hoy- nuestra digna subsistencia.

Al principio todo fue extraño. Recuerdo años en los que tuvimos que reinventar totalmente el trabajo que nos ocupaba todos los días. El viejo computador mantiene tras los años su función inicial, y por suerte la red fue algo que pudimos mantener y adaptar a nuestras nuevas necesidades. Al desaparecer la electricidad, el agua a presión y las instituciones nuestro modelo social quedo hecho añicos. Hubo hambre, robos y miseria, pero duro tan solo lo necesario para purgar aquel viejo régimen. Pronto -los que decidieron quedarse en la misma tierra en la que habían vivido hasta entonces- comprendimos que necesitamos de la comunidad para sobrevivir. Aparecieron las cooperativas en las que intercambiar alimentos de primera necesidad. Y la justicia para poder vivir en paz.

Y es cierto que todos encontramos trabajo. No de aquello que suponíamos en el pasado, pero al fin y al cabo, trabajo: Aprendimos a vivir libres. Porque cuando muchos pensábamos que el futuro se acababa, en realidad no hacia sino despertar de su letargo. Y cuando pregonaron que en el 2012 la recuperación sería real, no se equivocaron en la fecha pero si en las formas. Esa recuperación estaba llamada a ser una revolución, un cambio tan profundo y brutal en el ser humano que permitiría la supervivencia a si mismo.

El futuro poco a poco se convirtió en presente, y de esta manera fuimos capaces de superar la recesión que precedió a la crisis que precedió a la burbuja que precedió a Dios sabe qué. Pero no fue superada con palabras, ni con reuniones, ni con políticas. Fueron las personas y sus acciones las que permitieron crear lo que fue llamado utopía en aquellos oscuros años. El futuro, por fin, es nuestro.

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