domingo 7 de junio de 2009

Atención: Especuladores sueltos y MUY PELIGROSOS.

Es cierto que "el techo" -mas conocido hoy en día como la "vivienda"- es un factor que, cuando inaccesible, es capaz de desarraigar a las personas hasta el punto de hacerles pagar "cualquier precio" que se le quiera poner. Nuestra sociedad de especuladores y triunfadores del dinero así lo ha demostrado en los últimos años. Pero como todo, dura un rato.

Ya ha pasado la época de enriquecerse vendiendo ladrillos y bloques "a precio de oro". Ahora, en el ocaso de esta orgía del dinero, los especuladores y chorizos varios que ocupan las "altas esferas" necesitan algo mas substancial para seguir manteniendo sus "margenes de beneficio". Y es que la estupidez humana, como la energía, ni se crea ni se destruye.

Lo siguiente en la lista es, sin lugar a dudas, la energía (bueno, quizás solo los derivados del petroleo) y -por supuesto- la comida. Todos los "ejecutivos de contratos blindados" lo saben y están "trabajando" en el asunto. Y es así que -¡Oh que misterio!- se acerca el momento de subir de precio de estos aspectos aún mas "fundamentales" de la vida misma de las personas:

Hace ya mucho tiempo que la comida (o mejor dicho la falta de ésta) se utiliza como arma en la tercera guerra mundial que -conscientes o no de ello- vivimos. Lamentando el tono de desesperación y catastrófico que este artículo destila, confiando ciegamente en estar totalmente equivocado, advierto a todos que la próxima fase de la "crisis" va a ser mucho mas difícil de asumir. Nos enfrentamos al colapso del sistema en el que vivimos. Las empresas sirvieron a la banca para hacer su papel devastador de valor, pero ya no dan mas de sí. El estado pide dinero a los bancos -o sea que sin firmar nada personalmente todos los ciudadanos ya estamos "hipotecados"- y seguirán imprimiendo dinero durante un par de años mas. Pero no mas.

Sin lugar a dudas -tras la barbarie y la autodestrucción- este será el siglo de las personas. Porque solo las personas pueden resolver la situación a la que hemos llegado. Y pasa por la superación de cualquier constructo del siglo pasado (y mas viejo aún) -gobiernos y empresas- y también por la desaparición de la vieja idea de una sociedad contruida sobre la ignorancia, la elite y la violencia sistémica. Una pérdida total y absoluta de fe en el dinero se avecina. Por suerte, siempre hemos distinguido bien entre valor y metal. Ellos aún no saben lo que realmente importa, y nunca lo sabrán.

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