Desde los orígenes de la informática he prestado atención a las posibilidades de "la máquina" para afectar a nuestra realidad cotidiana. Asistí estupefacto en mi adolescencia a los "grupos de noticias", tablones de anuncios precursores de la actual red. Cuando nos dejaron comprar billetes de avión fui de los primeros en apuntarme. Siempre me fascinó, insisto, la capacidad que tiene la información de modificar tu experiencia habitual.
Los móviles que amablemente "nos regalan" con gps activado son algo mas que un teléfono. Hace seis años era difícil adquirir un aparato tan sofisticado como el que ahora cae en tus manos. Yo quería analizar los desplazamientos locales para optimizarlos, pero no me gusta que mi perfil de desplazamientos este disponible para cualquier miserable empresa cuyo objetivo es simplemente ganar mas dinero que el año anterior.
Y es que la tecnología, como toda herramienta, puede ser empleada de formas diversas. Y a juzgar por quien esta administrándolas nada bueno podemos esperar. Hace poco contemplaba estupefacto como muchas carreteras de la isla -desde la pista hasta carreteras locales del interior- eran "ranuradas" para albergar un cable de poco diámetro, presumiblemente fibra óptica, con grandes cajas de registro cada 500 metros, un kilómetro o a veces mas. Próximas a estas cajas he asistido al despliege de postes metálicos y cámaras "de ojo de pez" que todo lo ven, todo lo graban, todo lo envían a servidores externos".
Recientemente publica El Pais un artículo sobre el software de reconocimiento de caras. Este software, aplicado a ese hardware fácilmente puede elaborar un registro de cada "ciudadano" reconocido por "la máquina" y -desde su implantación- estar disponible para cualquiera capaz de acceder al mismo.
Recomiendo que tomemos conciencia del mundo hacia el que caminamos a toda prisa -parece que con aceleración creciente-. Esconder la cabeza como la avestruz no es una estrategia, es un suicidio.
Artículo genérico sobre reconocimiento facial y sus peligros en El País
Los móviles que amablemente "nos regalan" con gps activado son algo mas que un teléfono. Hace seis años era difícil adquirir un aparato tan sofisticado como el que ahora cae en tus manos. Yo quería analizar los desplazamientos locales para optimizarlos, pero no me gusta que mi perfil de desplazamientos este disponible para cualquier miserable empresa cuyo objetivo es simplemente ganar mas dinero que el año anterior.
Y es que la tecnología, como toda herramienta, puede ser empleada de formas diversas. Y a juzgar por quien esta administrándolas nada bueno podemos esperar. Hace poco contemplaba estupefacto como muchas carreteras de la isla -desde la pista hasta carreteras locales del interior- eran "ranuradas" para albergar un cable de poco diámetro, presumiblemente fibra óptica, con grandes cajas de registro cada 500 metros, un kilómetro o a veces mas. Próximas a estas cajas he asistido al despliege de postes metálicos y cámaras "de ojo de pez" que todo lo ven, todo lo graban, todo lo envían a servidores externos".
Recientemente publica El Pais un artículo sobre el software de reconocimiento de caras. Este software, aplicado a ese hardware fácilmente puede elaborar un registro de cada "ciudadano" reconocido por "la máquina" y -desde su implantación- estar disponible para cualquiera capaz de acceder al mismo.
Recomiendo que tomemos conciencia del mundo hacia el que caminamos a toda prisa -parece que con aceleración creciente-. Esconder la cabeza como la avestruz no es una estrategia, es un suicidio.
Artículo genérico sobre reconocimiento facial y sus peligros en El País
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